03 abril, 2016

Thomas Friedman estaba equivocado: La Tierra no es plana

En 2005, el escritor y columnista del New York Times Thomas L. Friedman publicó un libro que en seguida se convirtió en un éxito de ventas: “La Tierra es plana. Breve historia del mundo globalizado del siglo XXI”. En él, argumentaba que la globalización surgida como consecuencia de la era digital estaba "aplanando" el mundo, al reducir o eliminar las barreras en el comercio y, cada vez más, en la diferenciación geográfica.

Aunque lo primero pueda ser verdad, las barreras geográficas siguen vivas y coleando. Curiosamente, la confluencia de los espacios físicos y digitales de una región está ayudando a impulsar su diferenciación geográfica y su ventaja competitiva. En la Fundación Metrópoli, una organización internacional, partner de Microsoft, centrada en ayudar a las ciudades a construir un futuro sostenible, hemos observado este fenómeno emergente en todo el mundo, en grupos de ciudades que denominamos "diamantes".



Nuevas estructuras urbanas


Utilizamos el “diamante” como metáfora para describir estructuras urbanas policéntricas que abarcan la creciente integración, mutuamente beneficiosa, de múltiples ciudades relativamente próximas. Los centros de las ciudades constituyentes son los vértices del diamante y sus aristas, las infraestructuras de conexión entre ellas, mientras que los territorios entre las ciudades conforman sus caras.  

Se pueden ver ejemplos en todo el mundo: en la costa norte de América Latina, donde Colombia actúa como portal hacia el Caribe, nueve ciudades -desde Cartagena a Bucaramanga- constituyen los vértices de un diamante; en China, entre muchos otros diamantes emergentes, se encuentra la zona económica conocida como Triángulo Occidental, compuesta por Xi'an, Xianyang, Chongqing y Chengdu; y en Europa están surgiendo cuatro diamantes, como se ilustra en el siguiente mapa:

  1. El diamante portugués: Lisboa y Oporto.
  2. El diamante mediterráneo: Madrid, Barcelona, Valencia y Zaragoza.
  3. El diamante del Mediodía francés: Marsella, Niza, la Costa Azul y Lyon.
  4. El diamante del norte de Italia: Milán, Turín, Génova y Venecia.




Los territorios inteligentes


Además de la aparición de agrupaciones de ciudades diamante, hay una característica presente en las agrupaciones más innovadoras o en las ciudades más innovadoras de un diamante que denominamos “paisaje inteligente”. Para conseguir un paisaje inteligente, los diamantes o sus ciudades deben ser capaces de alcanzar un equilibrio entre la competitividad económica, el desarrollo y la cohesión social y la sostenibilidad ambiental y cultural. 

En contraste con la tesis de que la Tierra es plana de Friedman, los territorios inteligentes son específicos de un lugar; y se diferencian por su geografía, lugares de interés, historias, etnias, culturas e, incluso, por su cocina. Algunas ciudades no son atractivas sólo por sus condiciones actuales o históricas, sino más bien porque llegan a un consenso de una visión clara de futuro.

Los territorios inteligentes desarrollan un urbanismo que les permite crear ventajas cooperativas y competitivas basadas en las prácticas y las fortalezas contextuales; y su capacidad para atraer a empresas internacionales no tiene precedentes.

Por ejemplo, Singapur ha sido tradicionalmente un centro neurálgico por su puerto marítimo, aeropuerto y servicios financieros; y, en la actualidad, actúa como centro neurálgico de excelencia en biotecnología. Kuala Lumpur pretende consolidarse como centro de excelencia en tecnologías multimedia con su proyecto Multimedia Super Corridor.

En los EE.UU., Boston ha facilitado un importante desarrollo de la economía creativa como centro neurálgico universitario; Miami se ha convertido en una pasarela entre los EE.UU. y América Latina, hasta el punto de que, a veces, se refieren a ella como la capital del continente; y el área de la bahía de San Francisco ofrece un ejemplo perfecto de un paisaje inteligente, con la ciudad de San Francisco al norte, Silicon Valley al sur y Berkeley y Oakland al este, contribuyendo, todas ellas, a su ventaja competitiva como zona cero de la innovación tecnológica.


El papel de la tecnología


La tecnología digital ha tenido un papel impulsor en los territorios inteligentes de estas ciudades. Hasta hace poco, las fronteras entre la vivienda, el lugar de trabajo y la escuela estaban claramente delimitadas, pero la proliferación de la tecnología está transformando esas demarcaciones. Nuestras ciudades y territorios se organizan, cada vez más, en torno a la interacción; y hay más espacios flexibles en cuanto a su uso, lo que permite a las ciudades adaptarse mejor a unas necesidades cambiantes.

A la luz de esta relación entre la tecnología y el lugar, los territorios inteligentes fomentan la integración de los mundos físicos y virtuales, en donde las estrechas colaboraciones en red favorecen la diversidad y la riqueza de la interacción humana, y se convierten en un recurso para atraer gente, talento y creatividad.

Es bien sabido que los planificadores, administradores y diseñadores de la ciudad tienen en cuenta la arquitectura, los territorios, la red eléctrica y otros elementos urbanísticos físicos al contemplar las ciudades del futuro. El tejido digital de una ciudad es un elemento de diseño igual de importante.


Habilitar la voz de una ciudad


En muchos sentidos, la tecnología transforma la ciudad en un objeto vivo con "voz" propia; una voz que utiliza para entablar conversaciones con sus ciudadanos. Estas conversaciones a menudo se centran en ayudar a sus habitantes a completar tareas, encontrar información o buscar ayuda. Cada vez más, los ciudadanos pueden utilizar la misma infraestructura digital para "hablar" con su ciudad a través de innovadores servicios participativos.

Estas conversaciones son posibles gracias a una serie de tendencias transformadoras en la tecnología, entre las que se encuentran la proliferación de dispositivos móviles, redes sociales e interfaces de usuario naturales, así como una mayor adopción de un modelo de computación altamente rentable, denominado computación en la nube. Con la nube, los usuarios de la tecnología pueden acceder al software en forma de servicio y pagar sólo por la capacidad de cálculo que necesitan en un momento dado.

La computación en nube ofrece, a la pequeña empresa o a una agencia del gobierno local de una ciudad, acceso a la misma potencia de cálculo que tiene una gran multinacional o un ministerio de un gobierno nacional, sin necesidad de invertir en unos servidores propios o en una amplia plantilla de personal especializado en tecnología. Con este acceso a los recursos informáticos prácticamente ilimitado y de bajo coste, las empresas pueden recoger, analizar y procesar enormes cantidades de datos para obtener ventajas competitivas y eficiencias a gran escala.

Dado que los datos y visiones que generan permiten conversaciones más elaboradas y ubicuas entre los ciudadanos y el entorno urbano, las ciudades que habiliten la comunicación por medio de una capa digital bien diseñada, tendrán una clara ventaja competitiva a la hora de atraer y conservar el talento internacional necesario para construir y desarrollar las economías del conocimiento.

La Fundación Metrópoli es partner de Microsoft CityNext y ganó el premio “Idea innovadora” en el Smart City Expo World Congress de Barcelona.

La entrevista a Alfonso Vegara en vídeo





Sobre el Autor
Alfonso Vegara es fundador, Presidente y CEO de la Fundación Metrópoli, una organización internacional, partner de Microsoft, centrada en ayudar a las ciudades a construir un futuro sostenible. Vegara es un arquitecto urbanístico, doctorado en planificación urbana y regional por la Universidad de Navarra. Sus estudios y especialización incluyen los campos de la economía y la sociología.





Versión en inglés de este artículo: Thomas Friedman was wrong: The world is not flat.

Seguir leyendo:

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada