22 septiembre, 2016

Medellín, ciudad de futuro y modelo a seguir en todo el mundo

En Future Cities, Julia Alexander, de Siemens, nombró la ciudad Medellín, en Colombia, como una de las ciudades "más inteligentes" del mundo. También fue nombrada “ciudad más innovadora del mundo” por el Urban Land Institute en 2014 y salió elegida como una de las ciudades más habitables de Latinoamérica, junto a Santiago de Chile, en una encuesta realizada por la empresa española de tecnologías de la información Indra entre más de 230 ciudades de todo el mundo. Recientemente, ha recibido uno de los premios más importantes del mundo para las ciudades: el Lee Kuan Yew World City Prize 2016.







La ciudad no para de cosechar premios y, a menudo, se habla de ella como ejemplo de "urbanismo social", sin embargo, la ciudad no cuenta con unos niveles elevados de tecnología. La conclusión que podemos extraer de todo esto es bastante evidente: la ciudad más “inteligente” no es siempre la que tiene más tecnología, sino que hay otros factores mucho más importantes, concretamente, la habitabilidad y la sostenibilidad.

La incorporación de la tecnología está bien, siempre y cuando no se utilice como un fin, sino como medio para mejorar la vida de las personas que habitan la ciudad y mejorar la gestión de los recursos. Desde este perspectiva, la “ciudad más inteligente” o a la que deberíamos aspirar en un futuro, será aquella que logre los niveles más elevados de habitabilidad para sus habitantes y de sostenibilidad de cara al futuro, independientemente de los niveles de tecnología que emplee para lograrlo.

En este sentido Medellín es, sin duda, un ejemplo de transformación. Hace años era una de las ciudades del mundo con más asesinatos y ahora es todo un ejemplo de habitabilidad y sostenibilidad a nivel mundial. Y, curiosamente, no lo han conseguido con la instalación de sensores y computadoras, sino con la creación de instalaciones deportivas y la mejora de las comunicaciones entre los barrios más pobres y el resto de la ciudad, para integrarlos en una comunidad única.

La historia de Medellín, la segunda ciudad más grande de Colombia, tras su capital, Bogotá, es similar a la de muchas otras ciudades de Latinoamérica, pero con un final mucho mejor, gracias a la buena gestión de sus gobernantes.



Medellín, antes de la transformación


En los años 50, Medellín experimentó un rápido y desorganizado crecimiento poblacional, como consecuencia de los importantes movimientos migratorios hacia las grandes ciudades. En 50 años, desde 1940 a 1990, la población de la ciudad pasó de 170.000 habitantes a cerca de 2 millones. Este rápido crecimiento hizo que proliferaran los asentamientos ilegales en los alrededores de la ciudad, generando, en la periferia, numerosos problemas de violencia e inseguridad, falta de acceso a una vivienda y carencia de cualquier infraestructura pública.

El problema se hizo aún mayor debido a la falta de espacio. Medellín se encuentra en un valle, en donde el espacio de crecimiento es limitado y, dada la elevada proliferación de estos asentamientos ilegales, muchos de ellos empezaron a extenderse hacia las montañas, poniendo en peligro la seguridad de sus habitantes en época de lluvias, debido a los deslizamientos de tierra.

La lista de problemas que acompañaban a estos asentamientos ilegales era cada vez más amplia: desde grandes dificultades para mantener el orden y gobernar la ciudad, como consecuencia de la violencia extendida a causa de los enfrentamientos entre las bandas de narcotraficantes que controlaban los diferentes barrios, a la falta de seguridad en las construcciones, con los consiguientes peligros de derrumbamiento, pobreza, problemas de accesibilidad, falta de infraestructuras, ocupación ilegal de la tierra o degradación del medio ambiente, por nombrar algunos.


La transformación de Medellín


Todos estos problemas no son exclusivos de Medellín, sino que están presentes en muchas de las grandes ciudades de latinoamérica. Lo que diferencia a Medellín de las otras ciudades es su enfoque creativo, valiente e integrador, para dar una solución a estos asentamientos informales y elevar, al mismo tiempo, la calidad de vida de sus residentes, mejorando así, la habitabilidad en toda la ciudad.

Desde 1991, la ciudad ha reducido sus tasas de homicidio en un 92,1%, la tasa de desempleo ha pasado del 23% en 1990 al 10,2% en 2014 y la pobreza extrema que asolaba al 19,4% de la población en 1991, cayó hasta el 2,8% en 2015.

Con estas cifras y una población de 3,7 millones de habitantes, Medellín es una muestra de la notable transformación urbana que se puede lograr con determinación, visión y creatividad, a pesar de contar con unos recursos limitados.

Para lograr esta inscreíble transformación en apenas 20 años, fue necesario un enfoque integral que implicaba cambios importantes en la ciudad:


Primer paso: resolver el tema de los asentamientos ilegales


En los años 90, los gobernantes de Medellín empezaron a buscar soluciones a estos asentamientos ilegales y, a pesar de la falta de fondos y mano de obra, decidieron aceptar el enorme desafío y ponerse manos a la obra. Sin embargo, enseguida se dieron cuenta de que necesitaban ideas innovadoras.


“No es posible resolver informalidades con procedimientos formales, así que buscamos otras formas de intervenir con una metodología de reurbanización”, señala Jorge Alberto Pérez Jaramillo, Director de Planificación de Medellín entre 2012 y 2015.


En una maniobra completamente inusual, el gobierno decidió empezar a legalizar gradualmente los asentamientos ilegales. Una a una, se fueron evaluando todas las casas de los asentamientos y las que se clasificaron como estructuralmente firmes fueron legalizadas. También se llevaron a cabo mejoras en las residencias. Esta medida evitó la necesidad de poner en práctica costosos programas de reubicación, dado que solo fueron reubicados aquellos cuyas viviendas no eran seguras; al tiempo que otorgaba a los residentes de los asentamientos reconocimiento como legítimos residentes de la ciudad y les concedía dignidad.

Conceder estatus legal a los asentamientos y mejorar la calidad de sus viviendas marcó el comienzo de la transformación de Medellín, pero eso era solo el principio. El principal objetivo era conseguir integrar a sus residentes, en su mayoría pobres procedentes de las regiones rurales de Colombia; y mejorar su calidad de vida para que la violencia dejara de ser una opción en sus vidas.

Con el tiempo, se pusieron en marcha diversos proyectos sociales y de infraestructuras.


Segundo paso: mejorar las comunicaciones entre los asentamientos y el centro de la ciudad


Una de las principales preocupaciones de los gobernantes era la inaccesibilidad de los asentamientos, especialmente aquellos localizados en las montañas. Para resolver este problema, decidieron instalar toda una serie de teleféricos y escaleras mecánicas que conectaran los asentamientos a la red de metro, creando nuevas redes de transporte público. Esto fue fundamental, dado que conectar los asentamientos con el centro de la ciudad abrió todo un abanico de oportunidades de trabajo y educación para sus residentes.



 

Tercer paso: poner en práctica diversos programas sociales y educativos


Se planificaron y se llevaron a cabo diversos proyectos personalizados para cada asentamiento, en función de las necesidades y riesgos específicos que había en cada uno de ellos. Era necesario mejorar la calidad de vida y la autosuficiencia de sus residentes, para lo cual se construyeron centros comunitarios y se impartieron programas de formación muy diversos para mejorar su empleabilidad.


Cuarto paso: evitar la formación de nuevos asentamientos ilegales


Para evitar que los asentamientos continuaran extendiéndose hacia arriba por las montañas, en 2012, las autoridades decidieron construir el "cinturón verde", un gran jardín botánico circundante bordeando toda la ciudad. Además de evitar la ampliación de los asentamientos, esta gigantesca zona verde cumpliría varias funciones:


  • Reducir la erosión del suelo, evitando posibles corrimientos de tierra montaña abajo que pondrían en peligro a los residentes de los asentamientos.
  • Servir como pulmones a la ciudad.
  • Albergar instalaciones comunitarias

“Cuando se destruyen los bosques para el establecimiento de los asentamientos ilegales, también se destruye el medio ambiente de Medellín”, señaló el ex-alcalde de Medellín, Aníbal Gaviria Correa. “El jardín limita el crecimiento de los asentamientos y proporciona más espacio público para la gente de la ciudad y las comunidades de montaña”. 


Quinto paso: promover la colaboración y la implicación de la comunidad


Todos estos proyectos ya mencionados no habrían tenido el éxito e impacto que tuvieron en la ciudad de no ser por un elemento fundamental: la cultura de cooperación e implicación de la comunidad de Medellín.

Para poder llevar a cabo todo lo anterior sin apenas recursos fue necesario recurrir a la colaboración de las propias comunidades, así como de diversos estamentos, de forma que todos ellos trabajasen de forma colectiva.


"Medellín ha sido capaz de desarrollar un tipo de proceso de planificación social con una fuerte implicación participativa de las comunidades y el liderazgo de distintas partes interesadas procedentes de los sectores público, privado, académico y social", señaló Pérez.


Las autoridades locales y nacionales buscaron activamente investigadores en las universidades que quisieran colaborar con los residentes en la identificación de los riesgos y las necesidades de sus asentamientos y en la elaboración de planes y soluciones.


"Utilizamos las universidades como laboratorios para la ciudad; las facultades de ciencias sociales, ingeniería, arquitectura y derecho se han involucrado en crear soluciones, en transformar el conocimiento académico en conocimiento público y en trasladar ese conocimiento a la ciudad y al pueblo", añade Pérez. "Y vamos a los barrios y trabajamos conjuntamente con las comunidades". 


Como parte de este enfoque integral, diversas organizaciones locales, tales como ONGs, organizaciones benéficas, la Iglesia y los institutos educativos se involucraron en diferentes proyectos para mejorar los asentamientos. Además de determinar las necesidades específicas de cada asentamiento, se idearon proyectos en los que los residentes pudieran involucrarse, con el fin de que las propias comunidades vieran la transformación como un proyecto propio y se responsabilizasen de él, de su bienestar y su futuro.

Esta colaboración y el sólido compromiso de toda la comunidad, permitió lo más difícil: mantener el compromiso de Medellín con su transformación a lo largo de dos décadas. Y es que, a pesar de haberse producido varios cambios en el gobierno local durante esos años, la ciudad continuó su camino para mejorar su entorno y la vida de sus comunidades más vulnerables.


El proceso de transformación continúa imparable


Obviamente, no ha sido fácil llegar a la situación actual. A lo largo del camino, se han tenido que resolver muchos problemas y hacer frente a numerosos retos y dificultades. Por ejemplo, tener que negociar con las bandas armadas que controlaban determinados asentamientos, superar la resistencia local a la participación de la comunidad o llegar a acuerdos con la comunidad acerca de los planes de mejora. Además de la profunda curva de aprendizaje que han necesitado recorrer todas las partes interesadas. Sin embargo, más 20 años después de la puesta en marcha del proceso de transformación, el cambio de imagen de Medellín es evidente y constituye la mejor prueba de su determinación de seguir adelante, a pesar de todos los obstáculos y de contar con recursos limitados. 

Santiago Gómez, Secretario de Gobierno de Medellín, se muestra entusiasmado con la continua transformación de la ciudad.


"Hay muchos programas iniciados por la pasada administración que son importantes, como el plan de uso de la tierra. La continuidad de este tipo de programas y la puesta en marcha de nuevas iniciativas para mejorar nuestra ciudad serán factores críticos para el éxito de Medellín. En este momento, estamos haciendo planes para los próximos cuatro años. Queremos mejorar aún más la movilidad y el transporte, construir carriles bici, mejorar la seguridad y garantizar una mayor igualdad en nuestra sociedad. Lo más importante es que tenemos que seguir promoviendo la cultura de Medellín, en la que todos los residentes aman su ciudad y trabajan para mejorarla. Hemos avanzado y llegado muy lejos desde un pasado difícil y aún tenemos muchos problemas y desafíos, pero estamos dispuestos a seguir luchando por nuestra ciudad y, esto, en mi opinión, puede inspirar a otras ciudades en situaciones similares a hacer lo mismo".

Si quieres saber más sobre el asombroso proceso de transformación de esta ciudad puedes ver este documental elaborado por Canal Once: "Medellín, antes y después".





Medellín es la prueba de que es posible mejorar cualquier ciudad si sus gobernantes realmente se comprometen a hacerlo y toman las medidas adecuadas, con determinación y poniendo en el centro a las personas y su calidad de vida.

Fuente: leekuanyewworldcityprize.com.sg

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